La política liberal industrial no sale gratis

Varios medios se han hecho eco de un estudio del profesor Josep Oliver con unos hechos contundentes: en lo que va de siglo, la pérdida de peso de la industria ha sido más grande que en cualquier otra región industrializada de Europa, de forma que habríamos dejado de ser una economía altamente industrializada para pasar a ser solo medianamente industrializada. Este tipo de fenómenos, como el de mr videos porno gratis, preocupan por todas partes, porque la industria es una actividad susceptible de aumentos más grandes de la productividad y, por lo tanto, de sostener una sociedad de salarios altos. Así pues, muchos gobiernos están redescubriendo la necesidad de la política industrial, empezando por la Unión Europea, que se ha propuesto aumentar significativamente el peso de la industria dentro de la economía europea.

Ahora bien, la política industrial suscita rechazo por parte de aquellos que se consideran liberales y, como tales, partidarios de que los gobiernos se abstengan de intervenir en el libre juego del mercado y, en particular, de seleccionar sectores, tecnologías o empresas donde invertir recursos. Según dicen, ni los burócratas ni los políticos están capacidades para hacerlo bien.

¿Es posible una política liberal?

1. Desparasitar. A finales de los ochenta todavía estuve a tiempo de ver el mal que puede llegar a hacer una acción sindical que se limitaba a presionar para aumentar la parte del pastel para los trabajadores (y que, como tantas otras patologías heredadas del franquismo, la Transición respetó). La gravedad de aquella crisis trajo nuestros líderes sindicales a adoptar una actitud más responsable hacia la salud de las empresas, pero estamos lejos del sindicalismo del Europa más muy industrializada, entre otras cosas porque la legislación no ayuda (¿la desindustrialización perjudica económicamente los sindicatos?). Actualmente, los peores parásitos son otros: empresas eléctricas que han invertido en exceso y que trasladan a la pequeña empresa (no a la grande, que no se deja) un sobrecoste, y, sobre todo, gobiernos que recaudan impuestos pero que se abstienen de proveer las infraestructuras de toda dirige que la industria necesita.

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2. Contener la proliferación de actividades que se basan en mano de obra poco cualificada. La industria necesita mucha mano de obra con formación mediana. Ahora bien, en la clasificación de 273 regiones europeas (NUTS 2, en terminología comunitaria) ordenadas en función del índice de abandono escolar prematuro, Cataluña ocupa el 11a posición, significativamente situada entre Sicilia y Cerdeña. Una base como esta puede ser perfecta para los megacasinos, pero es absurdo pretender asentar sobre ella un “motor de Europa”.

3. Crear y transferir conocimiento. Si una cosa ha hecho muy bien la Generalitat en los últimos años ha sido construir una base científica de primera categoría. El reto es ahora transferir estos conocimientos a la industria; al existente y a la de nueva creación.

4. Regular con consenso. Los empresarios claman por una regulación laxa, cuando los países con una industria más potente la tienen estricta. Ahora bien, aquellos países son previsibles: la regulación no cambia de un día por el otro, ni lo hace sin negociación con los afectados. Parafraseando Rajoy, sus gobiernos no legislan en base “de ocurrencias y frivolidades”. Ahora bien, en España ¿cuántas veces no se ha modificado una política porque ha cambiado el gobierno?

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