Maestros y fontaneros

Fontanero

ATALIS (el estudio de la OCDE sobre docencia y aprendizaje), la mayoría de los docentes dicen que entienden el aprendizaje de manera constructivista, como un proceso en el cual los alumnos se implican activamente en la adquisición del conocimiento, y rechazan las metodologías que los fuerzan a ser receptores pasivos de información. Más del 90% aseguran que su papel tiene que ser facilitar la investigación que el alumno desarrolla autónomamente, porque sólo de este modo adquiere un pensamiento crítico y acontece un activo constructor del significado de aquello que aprende.

Yo estoy muy agradecido a todos aquellos profesores que fueron un referente intelectual y moral para mí y me enseñaron cosas que ni imaginaba que podían existir. No noté ninguna propiedad en su conocimiento que dificultara su transmisión. Creo que el más relevando no es la vía de acceso a una información, sino su digestión, es decir la manera como el conocimiento nuevo se relaciona -a veces de manera oscura e inconsciente- con aquello que previamente creía saber. El chispazo de la comprensión es muy caprichosa y la experiencia luminosa del “Ya caigo!” parece tener vida propia. Los conceptos de pasivo y activo en referencia al conocimiento se tienen que valorar diacrónicamente, de acuerdo con las consecuencias del aprendizaje a largo plazo, más que no sincrónicamente, porque la memoria no es menos activa que la imaginación. Los procesos mediante los cuales la memoria a largo plazo toma protagonismo como memoria de trabajo son muy oscuros, pero el que está claro es que sin la primera, la segunda se queda sin recursos.

Volvemos a TALES. Curiosamente, cuando en lugar de preguntar a los profesor por sus creencias nos interesamos por sus prácticas efectivas cotidianas, descubrimos que mayoritariamente hacen uso de las metodologías que previamente han considerado pasivas. Parece que dicen el que es pedagógicamente correcto y hacen el que es pedagógicamente posible.

Recientemente, un director me reconocía melancólicamente que había tomado posesión del cargo soñando a traer su centro en Itaca, pero que no hacía más que arreglar vías de agua. Quien no tiene experiencia directa de dar clases y del que supone, por ejemplo, tratar a lo largo de un día lectivo con 180 alumnos en plena ebullición adolescente, nunca comprenderá la trascendental importancia de la fontanería como ciencia auxiliar de la pedagogía.

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